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Luz de la calle, oscuridad de la casa

¿Por qué las personas son malgeniadas con las parejas y poco lo son con las personas de la calle?

Es una pregunta insidiosa que induce a una respuesta de mucha responsabilidad de quienes les pasa eso. Quizá no suele ser un problema de carácter, sino de autorregulación emocional en contextos afectivos.

Es que con la pareja no estamos en modo social como a veces creemos, sino en modo vincular profundo donde se activan asuntos internos de los que no siempre somos conscientes. Esto es, miedo al abandono, necesidad de validación, sensibilidad al rechazo y urgencia de ser querido. Una especie de estrategia afectiva que no se activa en igual proporción como cuando estamos con nuestras amistades. Al menos, no con la misma intensidad.

En el mundo de la pareja hay exigencias de transparencia, y eso está bien, como también lo es lograrlo y poder “ser yo como soy cuando estoy contigo”. Lo problemático es que “ser como soy” a veces significa descargar toda esa emocionalidad desregulada y acumulada sin filtros y sin modular respuestas. Como si en la relación le dieran permiso al sistema ejecutivo para bajar la guardia bajo la creencia de que el vínculo afectivo es un lugar seguro de transparencia y expresión emocional.

El escenario está servido: la pareja se vuelve la figura más disponible, con la que más tiempo se comparte y la que más expectativa genera. Es decir, mayor exposición y más probabilidad de fricción. En algunos casos, aparecen fenómenos cognitivos como la personalización “lo hace para molestarme”, la lectura de la mente y las exigencias rígidas como “deberías entenderme”.

Fuera de casa el asunto cambia. Aparece el desplazamiento emocional bajo el mecanismo defensivo clásico: “no puedo expresar mi rabia al jefe, sería patear la cuchara”, “no debo confrontar a mis padres, a ellos se les perdona todo”. A la final, no es que seamos cambiantes, es economía emocional pura. Si bien la emoción es intensa, la reacción es más filtrada.

Entonces la pregunta no es ¿por qué es malgeniado con su pareja? sino ¿qué se activa en él cuando se siente emocionalmente expuesto? A veces el malgenio frecuente es una defensa contra la sensación de pequeñez, de rechazo o insuficiencia.

En contextos laborales usamos el control inhibitorio, en contextos de pareja “contigo puedo ser yo”

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