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Luz de la calle, oscuridad de la casa

¿Por qué las personas son malgeniadas con las parejas y poco lo son con las personas de la calle?

Es una pregunta insidiosa que induce a una respuesta de mucha responsabilidad de quienes les pasa eso. Quizá no suele ser un problema de carácter, sino de autorregulación emocional en contextos afectivos.

Es que con la pareja no estamos en modo social como a veces creemos, sino en modo vincular profundo donde se activan asuntos internos de los que no siempre somos conscientes. Esto es, miedo al abandono, necesidad de validación, sensibilidad al rechazo y urgencia de ser querido. Una especie de estrategia afectiva que no se activa en igual proporción como cuando estamos con nuestras amistades. Al menos, no con la misma intensidad.

En el mundo de la pareja hay exigencias de transparencia, y eso está bien, como también lo es lograrlo y poder “ser yo como soy cuando estoy contigo”. Lo problemático es que “ser como soy” a veces significa descargar toda esa emocionalidad desregulada y acumulada sin filtros y sin modular respuestas. Como si en la relación le dieran permiso al sistema ejecutivo para bajar la guardia bajo la creencia de que el vínculo afectivo es un lugar seguro de transparencia y expresión emocional.

El escenario está servido: la pareja se vuelve la figura más disponible, con la que más tiempo se comparte y la que más expectativa genera. Es decir, mayor exposición y más probabilidad de fricción. En algunos casos, aparecen fenómenos cognitivos como la personalización “lo hace para molestarme”, la lectura de la mente y las exigencias rígidas como “deberías entenderme”.

Fuera de casa el asunto cambia. Aparece el desplazamiento emocional bajo el mecanismo defensivo clásico: “no puedo expresar mi rabia al jefe, sería patear la cuchara”, “no debo confrontar a mis padres, a ellos se les perdona todo”. A la final, no es que seamos cambiantes, es economía emocional pura. Si bien la emoción es intensa, la reacción es más filtrada.

Entonces la pregunta no es ¿por qué es malgeniado con su pareja? sino ¿qué se activa en él cuando se siente emocionalmente expuesto? A veces el malgenio frecuente es una defensa contra la sensación de pequeñez, de rechazo o insuficiencia.

En contextos laborales usamos el control inhibitorio, en contextos de pareja “contigo puedo ser yo”

¿Qué piensas tú?

3 comentarios en “Luz de la calle, oscuridad de la casa”

  1. Me parece sumamente importante hacernos conscientes de eso, y estoy de acuerdo cuando se menciona que al ser la pareja con la que se comparte más tiempo se genera un vínculo de más confianza donde nos sentimos tan seguros que dejamos salir nuestras reacciones más profundas e inconscientes, y con las demás personas, incluso, amistades, tenemos cierta regulación emocional en parte por esa incesante necesidad de mantener el vínculo en esos límites, pero me surge una duda, ¿lo que nos impide expresar ciertas cosas es solo la confianza del vínculo o hay algo más?

  2. Camila Espinosa Castaño

    Pienso que todo esto depende mucho del vínculo, la verdad estoy de acuerdo en que nosotros somos y actuamos dependiendo de el entorno en el que nos encontramos y las personas con las que estamos relacionadas, aunque eso quiera decir que solo nos expresamos más o no dependiendo del tipo de vínculo que compartimos con esas personas que nos rodean, amigos es diferente a conocidos y la relación con cada uno de ellos puede ser más cercana o no, con más confianza o no, con la familia pasa algo similar pero la pareja se convierte en un vínculo que puede llegar a trascender y ser mayor que los demás vínculos, ya que esta muchas veces pasa a ser lo más importante en muchas ocaciones y por esto mismo es cuando sentimos que “podría ser yo mismos” por que se entiende que para la pareja somos libros abiertos, faciles de leer, sin alguna restricción, sin tener que ponernos máscaras etc.
    Por lo tanto, no se trata de ser “malgeniados” se trata de que podemos ser nosotros mismos y podemos contar con esa pareja que nos acepta y nos respeta, y no se trata de que cargue con nuestros problemas, se trata de que sea un apoyo para nosotros y un lugar donde podamos sentirnos escuchados y valorados. Todo sin convertirlo en una situación negativa o dañina emocionalmente para ambos.

  3. Qué análisis tan certero y profundo! Me encanta cómo desglosas esa “paradoja de la intimidad ; sin juzgar, sino explicando el porqué psicológico detrás de esa doble cara que tantos mostramos.

    En mis palabras: Es fascinante (y un poco triste) ver cómo reservamos nuestra mejor versión para el mundo exterior donde hay máscaras y dejamos que el caos emocional se desborde en casa, con quien menos lo merece. No es maldad pura, sino un atajo evolutivo fallido: desplazamos el “veneno” acumulado hacia el lazo más seguro, confundiendo vulnerabilidad con desahogo tóxico. Al final, ser auténtico en pareja no significa descargar frustraciones sin filtro, sino aprender a regularlas para no erosionar el vínculo que más valoramos. Un recordatorio brutal de que el verdadero control emocional se prueba en la intimidad, no en la plaza pública

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