¿Cuánto tiempo puede vivir una persona al límite de sus capacidades? Lo cierto es que, cuando colapsamos no necesariamente es porque somos débiles. A veces pasa que funcionamos por encima de lo que podemos y nos quemamos.
Burnout no es simplemente estar cansado, también es agotamiento por depleción de energía, distanciamiento frente a las actividades y personas que nos agradan, menor eficacia a nivel laboral, familiar y personal.
El fenómeno del Burnout tiene tres miradas amplias. Desde la Organización Mundial de la Salud, se trata de un estrés crónico no gestionado. Desde el punto de vista social, es un proceso que va en aumento, de estrés sostenido en el tiempo que conlleva a un deterioro en el funcionamiento laboral. Desde el ámbito clínico-individual, es algo que puede ser invisible a los ojos de quien lo padece, puesto que compromete funciones psicológicas de agotamiento mental.
Haciendo resonancia a la última de las tres, es posible hablar sobre el Burnout autoinducido, ese que sin querer queriendo nos provocamos por nuestros propios medios.
Para entenderlo mejor, cabe la comparación con un automóvil cuando lo llevan al límite. Imagina ese carro que puede funcionar perfectamente, aunque si lo mantenemos durante horas a altas revoluciones, sin la posibilidad de enfriarse, de seguro se va a recalentar. Y no necesariamente es que el carro sea malo, es que le estamos exigiendo por encima de lo que puede dar.
La autoexigencia puede recalentarnos también por excesos internos, por dificultades a la hora poner límites, por la sensación de culpa al descansar, por ideas de perfección y la hiperresponsabilidad. Es un círculo vicioso de creencias absolutas sobre el cual la persona da vueltas y vueltas diariamente.
El ciclo generalmente inicia con la convicción de “tengo que poder con todo“, que lleva a la incapacidad de poner límites y a la dificultad de decir “No”. Luego, se desprende la sensación de perder el tiempo cuando se descansa, muy similar a aquel que dice carecer del mismo para echarle gasolina al carro. Aparece entonces la sobrecarga física y mental visible a través de dolores musculares y cefaleas intensas.
Frente al perfeccionismo es importante mencionar que no es la búsqueda de la perfección, sino la necesidad de control en todo. Independiente del resultado, si la persona logra maniobrar todas las variables, dirá “quedó perfecto”. La inflexibilidad y la propia crueldad se unen para darse la mano y generar estrés (recalentamiento), junto a síntomas insoportables de ansiedad. Entonces, más autoexigencia, más agotamiento, más compromisos. Todo por tener el control.
El círculo vicioso refiere cuatro patrones personales alimentadores del Burnout por autoexigencias:
- El complejo de súper héroe: pedir apoyo es sentir que falla, que no puede.
- La necesidad de control: convencidos de que soltar parece más riesgoso que agotarse.
- El perfeccionismo: nada es suficientemente bien terminado, sólo yo puedo hacerlo.
- La hiperresponsabilidad: todo recae sobre una sola persona “YO”.
Para prevenir el Burnout por autoexigencias es importante reconocer señales tempranas, equilibrar cargas y demandas, protegerse a través del sueño, la alimentación y actividad física, cuidar las relaciones y contar con apoyo social y, entre otras, acceder a una atención profesional cuando así se requiera.
No se previene el Burnout autoinducido enseñando a soportar más. Lo prevenimos creando condiciones para vivir mejor: soltar por ejemplo.

Psicólogo clínico, especialista en psicoterapia cognitiva y magister en psicología. Es docente universitario e investigador en psicopatología, psicología clínica y prevención de la conducta suicida. Fundador y actual director de Promental.

